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viernes, 4 de diciembre de 2009

HIGHSCHOOL PSYCHO

Bueno, ya hemos visto a Loli and the Chones. Ufffffffff. ¿Y ahora qué?
Uno se siente vacío después de estas cosas...

Os dejo con un fragmento de una de mis exitosas novelas fotocopiadas.

Una época de ensueño que hoy recordamos con la neblina matinal que provocan las legañas en nuestro despertar. Una época de despertares, de faldas de colegialas, de rizos, bucles y contrabucles, de tupés grasientos y de neumáticos de impoluto caucho blanco. Bandas uniformadas, delincuentes juveniles, fiestas en la fraternidad y Rock’N’Roll en la radio del Cadillac de papá.
En un país marcado por lo novedoso, sin prehistoria, sin historia, pero fieles a la Carta Magna. Algodón y esclavitud, ferrocarril de dos direcciones: del Alfa al Delta, del Delta al Alfa. Azote del nazismo alemán, refugio de los patriotas de sábana blanca. Un caballo sobre las patas traseras y ondeando una bandera de doble cara. Dos banderas, un país, rotativas, azufre después del click, recuerdos...
Recuerdos en blanco y negro. Un enorme globo de chicle explota y estalla una reacción en cadena: suena el timbre de la escuela, suena la alarma de los bomberos, suenan las sirenas de la policía, suena una canción de Eddie Cohran...
Minifaldas y pantorrillas de alambre, suéteres anudados sobre los hombros. Un beso con lengua e intercambio de chicle. Un pupitre con corazones, dos erres y un nexo de unión. Una oración. La tiza chirría enturbiando el encerado. Comienza la clase. Esclavos durante 50 minutos; toda una vida.

“¿Querría el Sr. Donald Montgomery explicarnos el teorema de Arquímedes?”.
Donald se levanta de su asiento, se acaricia la nuca y mira al suelo.
“Básicamente consiste en que cuando un hombre mira los pechos de una mujer, su rabo crece proporcionalmente al volumen del líquido que va a desalojar”.
Se sienta. Los compañeros se ríen y Marie Lou está segura de que lo ama con locura.

Los estudiosos de la materia marcan este episodio en el Instituto Nacional Licolm de Massachussets como el inicio de la carrera delictiva de Elvis Reagan. Todo se saldó con un tirón de orejas y una visita al despacho del director; pero el germen maligno ya estaba creciendo en el estómago del joven Donald Montgomery.

Recuerdo que aquella profesora tenía un trasero descomunal. Y cuando digo descomunal me refiero a que me hubiese gustado meter mi manguera en su precioso culo y lavar sus intestinos con mi esperma”.
No le faltarían oportunidades al indómito rockabilly...

14 de octubre de 2009


LOS REYES SON MIS PADRES

Extraído de mi libro "Fui un perturbado sexual adolescente".


El día más triste de mi vida fue cuando me enteré de que los Reyes Magos eran mis padres. Aún no me cabe en la cabeza que me lo hubiesen estado ocultando durante tanto tiempo...

Fue una fría noche de enero, a primeros de mes, concretamente el día cinco; que en realidad era ya día 6 porque habían pasado las doce de la noche. Todo estaba tranquilo y yo dormía plácidamente acurrucado en mi edredón nórdico. De pronto unos ruidos me despertaron. Al principio me costó darme cuenta de lo que pasaba, pero al poco reaccioné; los ruidos venían del salón, eran voces que hablaban entre susurros. Me levanté con cuidado de la cama y, tras ponerme mis zapatillas, me dirigí con cautela hasta las voces. Recuerdo que me quedé de piedra cuando vi a mi padre con la cara pintada de negro y las ropas de Baltasar, y a mi madre con esa barba tan blanca y tan larga de algodón y esa corona sacada de mi último cumpleaños en Burger King. ¿A quién querían engañar?, se notaba a la legua que eran mis padres disfrazados... Estaban depositando algunos paquetes junto a mis zapatos, no había duda, eran los Reyes Magos, mis padres eran los Reyes Magos.


Ellos se quedaron mudos, estaban tan sorprendidos como yo. Aquella noche les hice un montón de preguntas: ¿Por qué no me lo habían contado antes? ¿Quién más lo sabía? Si mi padre era Baltasar y mi madre Melchor, ¿quién era Gaspar? ¿Cómo hacían para dejar regalos a todos los niños del mundo en una sola noche? ¿Dónde guardaban los camellos? ¿Por qué no me habían traído el Scalextric que pedí?...
Fue una noche muy larga, les entretuve tanto que creo que los niños de algún continente se quedaron sin regalos aquella noche.

Como ya he dicho fue el día más triste de mi vida, pero hubo más. Hubo más días tristes a partir de aquella fatídica noche. Para empezar, se me condenó a vivir una vida de silencio, se me prohibió revelar el secreto al resto de los humanos. Imagínense, yo era el hijo de los Reyes Magos y no podía decírselo a nadie. Ni siquiera podía decir que Gaspar no existía, ni que Melchor era un travesti.
Así pues, con mis labios cerrados, tenía que afrontar una nueva vida, una vida que me reservaba aún muchas más sorpresas, agradables y desagradables, pero sorpresas al fin y al cabo. Y con tan sólo 26 años de edad, en la más tierna infancia, sin haber acabado aún la carrera de periodismo, repitiendo quinto por tercera vez.
Me atrevo a decir que nunca un niño sufrió tanto como yo durante aquellos horribles años. Me sentía como los hombres del renacimiento, viviendo constantes cambios, enfrentándome a ellos día tras día, abandonando a mi pesar la dulce oscuridad de la niñez para contemplar cara a cara el deslumbrante sol del siglo de las luces. Si al menos hubiese tenido 30...

En el siguiente libro, convertido ya en todo un hombre, en un profesional del periodismo, me propongo narrarles a ustedes todos aquellos descubrimientos que me cegaron por su hermosura y que me aterraron por su crudeza. Y es que el mundo constituye siempre una compleja dualidad que los insignificantes humanos no nos podemos atrever siquiera a intentar separar. No se puede separar el bien del mal, ni lo bello de lo monstruoso. No se puede separar el mundo del mundo. Después de todo, el mundo es nuestro hogar, un hogar completamente desconocido...

6 de octubre de 2009